11 de octubre de 2013

La Historia y el Arte

José Trepat
O el Arte y la Historia. Sinceramente no sé cual debería ser el orden correcto, aunque pienso que da igual. Los dos se amalgaman perfectamente para ilustrar un acontecimiento. En esta serie de notas que hoy iniciamos vamos a intentar aunar esas dos vertientes del conocimiento humano, pero no se trata de copiar literalmente páginas de alguna enciclopedia sino que esa información será utilizada para elaborar las notas que tendrán un denominador común: todas las obras de arte (pinturas, monumentos, etc.,) que se muestren aquí las he visto personalmente y, una más que la otra, me han provocado admiración.

Podríamos decir entonces que se trata de una retrospectiva de momentos vividos, momentos que se salen de la rutina diaria. Me parece injusto que la contemplación de esas creaciones del hombre (genéricamente hablando) pase "sin pena ni gloria". Déjenme que las atesore de esta manera y las comparta con quienes puedan estar interesados en lo que aquí se menciona. De ninguna manera puedo considerarme, ni mucho menos, un experto en pintura o arquitectura pero, ¿hace falta serlo para disfrutar de tales maravillas? Convencido de que la respuesta es no, comencemos este recorrido personal que irá ampliándose en la medida que una pintura o un monumento determinados acudan a mi memoria.

El primer encuentro

El visitante que ingresa al Museo del Prado puede disfrutar de centenares de grandes pinturas, pero hay cuatro que son “obligadas” por la difusión que han tenido en libros y medios gráficos: Las meninas y el Cristo crucificado de Diego Velázquez, y La maja desnuda y Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808, de Francisco de Goya.

Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 (Francisco de Goya)
Oleo sobre lienzo de 268 x 347 cm
Prerromanticismo - Museo del Prado, Madrid

Goya plasma en el lienzo, con pincelada robusta y matérica, una
historia estremecedora: en la oscuridad de la noche, a la luz de una
linterna, el pelotón de ejecución dispara sin descanso mientras se
suceden los grupos de condenados.

Breve introducción histórica

Los cadáveres de los fusilados se muestran con toda
su espantosa crudeza; la sangre cubre la tierra en el
montecillo donde se comete la matanza
Napoleón Bonaparte se autoproclamó cónsul de la Primera República Francesa el 18 de febrero de 1799, y en 1804 Pío VII le coronó emperador. En esa época España controlaba el acceso al Mar Mediterráneo y ello la convirtió en tentación y objetivo para el conquistador corso que propuso al gobierno del rey Carlos IV conquistar Portugal y repartirlo entre ambas naciones.

El monarca español aceptó la oferta y permitió la entrada de las tropas francesas en España, sin percatarse de que lo que Napoleón quería era conquistar España y Portugal e instalar a su hermano José Bonaparte como cabeza de ambos reinos. En febrero de 1808, los verdaderos planes de Napoleón comenzaron a revelarse y ello causó desagrado en varios estratos de la sociedad española; esto se manifestó con algunos pequeños brotes de rebeldía en varias partes del país.

Después de intrigas palaciegas y luchas internas, Carlos IV abdica y le sucede Fernando VII. Al conocer los sucesos en España, Napoleón aprehende a Fernando VII, que debe devolver la corona a su padre y éste la pone en manos del francés. Napoleón no duda en traspasar la corona a su hermano y desde el 6 de junio de 1808, José Bonaparte es rey de España.

El descontento popular abrió pasó al levantamiento. Comenzó entonces una implacable persecución de los sublevados. Cualquiera que llevase una navaja —común entre los artesanos madrileños— era arrestado y condenado a muerte sin previo juicio. Las ejecuciones se realizaron a las cuatro de la mañana en sitios que hoy podemos reconocer fácilmente: Recoletos, Príncipe Pío, la Puerta del Sol, La Moncloa, el Paseo del Prado y la Puerta de Alcalá.

En la cercana montaña del Príncipe Pío se produjeron los sucesos que inspiraron aFrancisco de Goya y Lucientes para la obra que emprendería cinco años más tarde. El 3 de mayo de 1808 muestra los fusilamientos de rebeldes en localidades cercanas a Madrid.

En febrero de 1814 los franceses son expulsados de España y Goya escribe una carta al gobierno provisional, presidido por Luis María de Borbón y Vallabriga, donde propone la realización de una pintura que pudiese «perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa».

El punto focal de la escena es el "Cristo"
popular, con los brazos abiertos, la camisa
de un blanco inmaculado que pronto se
teñirá de sangre. El campesino evoca la
imagen del mártir; de rodillas ante los fusiles,
tiene un tamaño colosal comparado con las
otras figuras. A su lado, un fraile reza con la
mirada alucinada.
La pintura
Los entendidos dicen que Goya prescinde de los elementos del neoclasicismo imperante para representar la gesta. Coloca únicamente en el cuadro a los ejecutados y a sus poco visibles captores. Se categoriza dentro de la pintura histórica, que tenía algunos antecedentes en el arte español e italiano, pero ninguno tan realista como el deGoya.

En lontananza se admira la silueta de algunos edificios, pero se aprecian tan desdibujados que no logran identificarse con exactitud. La lámpara que está en el suelo se transforma en la fuente de luz, perceptible en la tonalidad amarillenta que muestra el cuadro en su parte central, para toda la obra, y la mayor parte de la iluminación recae en los muertos localizados en la izquierda y en el fraile que reza arrodillado.

El grupo de militares en el lado derecho está sumido por completo en la sombra y aparentan formar un conjunto monolítico. Al observarse desde la distancia podría parecer que las bayonetas, los uniformes y el resto de las armas se han metamorfoseado en artefactos implacables e inmutables. Tampoco se pueden ver las caras de los soldados, pero una de las víctimas reacciona horrorizada al mirarlos, convirtiéndose ambos gestos en una fuente inagotable de dramatismo para la obra —en especial si se admira el cuadro desde lejos. El papel de la multitud no se ha dilucidado, pero las dos hipótesis más difundidas dicen que se trata de soldados o de simples curiosos. 

Goya. En la época de este
autoretrato nace la pintura
de esta nota.
*

El artista
Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 30 de marzo de 1746 – Burdeos, Francia, 16 de abril de 1828), fue un pintor y grabador español. Su obra abarca la pintura de caballete y mural, el grabado y el dibujo. En todas estas facetas desarrolló un estilo que inaugura el Romanticismo. El arte goyesco supone, asimismo, el comienzo de la Pintura contemporánea, y se considera precursor de las vanguardias pictóricas del siglo XX. 




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